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Source: United States House of Representatives – Congressman Mario Diaz-Balart (25th District of FLORIDA)

Una política exterior consistente hacia las dictaduras en nuestro hemisferio

El Nuevo Herald

Opinión: Mario Diaz-Balart

14 de octubre de 2020

Los brutales regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua representan una grave amenaza para los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Debemos continuar negando constantemente fondos a estos regímenes, que trabajan juntos para oprimir a su gente, causar estragos en nuestro hemisferio y oponerse a los intereses de Estados Unidos. La Administración Trump ha respondido a esta realidad de manera efectiva, marginando a estas dictaduras entrelazadas mientras apoya los esfuerzos humanitarios y prodemocráticos de los pueblos a los que oprimen.

Estos regímenes han formado una peligrosa malignidad. Se apoyan mutuamente de diversas formas, como el petróleo venezolano a cambio de agentes de inteligencia y médicos cubanos. Estos arreglos proporcionan simultáneamente un potente medio para reprimir a la disidencia, sostener los regímenes y ayudar a las dictaduras a aferrarse al poder. Estas dictaduras mantienen vínculos con adversarios estadounidenses, estados parias y organizaciones terroristas como Rusia, China comunista, Irán, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Los tentáculos de estos regímenes también se extienden mucho más allá de sus fronteras. Por ejemplo, Rusia ha enviado miles de millones en equipo militar y “asesores” militares para ayudar a Maduro a mantenerse en el poder. Así mismo, China comunista ha invertido casi 70 mil millones de dólares en Venezuela desde 2007, mientras que Irán ha otorgado más de 1,6 mil millones de dólares en préstamos a Cuba desde 2005. La organización terrorista de Irán, Hezbollah, ha establecido células en Venezuela y una base regional en Cuba. Irán continúa enviando alimentos y petróleo para sostener al régimen de Maduro, por lo que la Administración Trump impuso sanciones adicionales a los capitanes de los barcos iraníes.

La administración Trump ha impuesto duras sanciones a estos regímenes brutales por su corrupción, crimen y abusos contra los derechos humanos. Ha sancionado a más de 100 venezolanos o individuos relacionadas con Venezuela, incluyendo el paso inusual de sancionar al propio Nicolás Maduro, a su esposa y a uno de sus hijos. La Administración Trump también acusó a Nicolás Maduro, sus cómplices y miembros de las FARC por delitos relacionados con corrupción, narcotráfico y narcoterrorismo. El presidente Trump fue el primero en reconocer al líder constitucional democráticamente electo de la Asamblea Nacional de Venezuela, el presidente interino Juan Guaidó. Cincuenta y siete países siguieron rápidamente su ejemplo.

Con respecto a Cuba, la administración Trump impuso duras sanciones a más de 200 empresas dirigidas por militares, cortando los ingresos del ejército cubano. La administración limitó los vuelos comerciales, puso fin a los cruceros a Cuba, prohibió las estadías en hoteles controlados por el régimen y otras actividades turísticas ilegales que financian directamente al régimen cubano. Prohibió la importación de alcohol y productos de tabaco. Además, en una decisión histórica, la administración Trump permitió que las víctimas estadounidenses demanden a las empresas que trafican con propiedades robadas por el régimen de Castro.

Además, el presidente Trump promulgó la Ley de Derechos Humanos y Anticorrupción de Nicaragua de 2018 para bloquear el acceso a nuevos préstamos multilaterales al régimen de Ortega. Igualmente, la Administración Trump ha impuesto sanciones contra más de una docena de personas por abusos a los derechos humanos y corrupción, incluyendo la esposa y los hijos de Ortega y sus “empresas fachada”. La Administración Trump también ha proporcionado millones en asistencia humanitaria y democrática a la región.

En contraste, la administración anterior sancionó solo a un puñado de operativos de Maduro mientras continuaba reconociendo su régimen ilegítimo. Su política fortuita hacia Venezuela se vio socavada por sus acciones sin sentido con respecto a Cuba. En lugar de imponer duras sanciones a la dictadura cubana, que es el principal partidario de Maduro y oprime al pueblo cubano, la administración anterior la recompensó con relaciones diplomáticas, un viaje presidencial propagandístico a La Habana y sanciones debilitadas. El presidente Obama pidió repetidamente el levantamiento unilateral de las sanciones estadounidenses contra la dictadura cubana por parte del Congreso de los Estados Unidos, lo que el dictador cubano Raúl Castro agradeció públicamente. A cambio no impuso condiciones ni exigió avances en materia de derechos humanos. Como resultado, cualquier sanción que impuso al régimen de Maduro se vio socavada por su política de apaciguamiento hacia la cleptocracia cubana.

La Administración Trump reconoce que la relación entre estos regímenes dictatoriales requiere de una política exterior guiada por esa realidad. La malevolencia de estos regímenes no se limita a sus propias fronteras amenazando la seguridad y estabilidad de toda la región. Por estas razones, es evidentemente absurdo, como algunos parecen sostener, oponerse a las sanciones contra la dictadura cubana y al mismo tiempo apoyar las sanciones contra el régimen de Maduro. El 12 de agosto de 2020, envié una carta al presidente Trump, firmada por muchos de mis colegas, elogiando su política constante hacia los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua y expresando muchos de los puntos planteados en este artículo. Lamentablemente ninguno de mis colegas demócratas accedió a firmarla. Creo que a quienes apoyan las sanciones al régimen de Maduro mientras piden que se debiliten las sanciones al régimen en Cuba se les debe pedir que rindan cuentas por una discrepancia tan incoherente.

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